Monday, December 8, 2008

Malegría



En algún momento remoto habia vida y cantaba allá afuera.
Eran tiempos vívidos, vibrantes, saturados y aturdidos.
Cantaba desde una jaula.
Desde su jaula vimos la gran luz que, cuando débil, por primera vez llegó.
No le ví morir. Estuve ausente cuando desapareció.
Sólo la luz permaneció: roja, enceguecedora.

Años después, regresé del largo viaje que hice al vacío.

Con sólo ver su jaula vacía, oxidada,
quemada por la memoria de agonizantes soles,
fue suficiente para volver a escuchar su canto en mi cabeza.
Pero mis ojos no recordaron.
Me limité a escuchar la música de mi pasado
mientras miraba las ruinas que el presente me habia regalado.

Corrí hacia los brazos cariñosos del embrutecimiento que proporciona un cuarteto de aspirinas.

Muchos años despues, ni el acceso, ni la casa, ni la jaula, ni la causa.
La abrumadora luz se tiñó de rojo,
de cenizas y de intensas quemaduras.

Tengo otro viaje de ida y vuelta.
Quien sabe qué maravillas, qué esculturas del pasado,
-que es futuro en el círculo interminable-
se formen de las cenizas, de los tiempos, de las vidas,
el día de mi partida -el día de mi regreso.

1 comentarios:

Jorge M. Hill said...

Somos lo que fuimos, el pasado siempre vive en el presente mai, aquí seguimos y no somos tan diferentes. Tomemos camioncitos al Restless Oblivion, siempre se puede ir y venir.